Eger y el Valle de la Mujer Hermosa: escapada relax y etnológica

Hola de nuevo!!

Hoy os quiero contar una pequeña escapada que hicimos a Eger el invierno pasado.

Eger es una ciudad de 56.000 habitantes situada al este de Hungría, a unas dos horas de Budapest en coche.

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El casco antiguo tiene unas calles muy bonitas, con varias zonas peatonales muy agradables para pasear, disfrutar de los bonitos edificios y tomar algo en una de las muchas terrazas.

Como monumentos destacan la Iglesia, el minarete turco y el castillo. La iglesia está algo más alejada del centro pero se llega andando muy fácilmente; lo mismo ocurre con el castillo, situado en lo alto de la ciudad y por el que se accede a través de encantadoras calles estrechas de piedra.

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Como toda Hungría, la zona también es rica en aguas termales, y se pueden disfrutar de unos baños turcos en la ciudad o de un spa en más rural. Nosotros nos decantamos por lo segundo y fuimos a un spa que me recomendó una compañera, Demjen, un complejo de spa y hotel en una zona más alejada de los núcleos urbanos. Por ser noviembre los toboganes y la parte de aqua park estaba cerrada, pero a nosotros nos llegó con las distintas piscinas de aguas termales. Estar en esas piscinas de agua caliente un día de noviembre, al aire libre y rodeada de campo y montaña es una experiencia para repetir.

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Además de por sus bonitas calles y monumentos Eger es conocida por sus famosos vinos.  Nosotros nos alojamos en el Valle de la Mujer Hermosa (Szépasszony Valley), una zona algo apartada del centro del pueblo donde se puede disfrutar de los buenos vinos de la región en un ambiente tranquilo y relajado.

El valle es una zona dedicada principalmente al ocio y la restauración en la que se pueden encontrar pensiones, hoteles, restaurantes y, como no, numerosas bodegas. Si os acercáis hasta allí debéis ir hasta el final, pues la mayor parte de las casetas se encuentran al final de la calle en una plazoleta alargada.

Las casetas están construidas en piedra y madera y sus interiores recrean las cuevas que antiguamente se utilizaban para guardar el vino. Cada cueva pertenece a una bodega y en ellas se pueden degustar los distintos vinos que producen. Además de funcionar a modo de bar, también se organizan catas y se pueden probar canapés fríos (quesos húngaros, pogacsas, tostas) como acompañamiento al vino.

Nosotros hicimos una degustación en una de ellas, Juhasz Pinceszet. Visitamos la exposición de barriles donde guardan el vino y probamos cinco vinos: dos tintos, dos blancos y un rosado. Cada uno de ellos con una pequeña explicación por parte de la camarera y una tabla de quesos para cambiar el sabor y que no se nos subiera a la cabeza. Salimos de allí con varias botellas bajo el brazo; a mi personalmente me encantó el blanco Egri Csillag y mi novio se decantó por Egri Bikáver (sangre de toro), un tinto. Dato importante, las casetas siguen el horario húngaro, depende del día pero cierran sobre las 8 así que no vayáis muy tarde!

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Si queréis saber más sobre Eger y sus alrededores y ver más fotos echad un ojo a este post.

Hasta pronto!

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